¿Me gustó República Dominicana?

Esa pregunta me la han hecho ya varias veces, y aunque la he respondido, no la he escrito para compartir mi experiencia con todos, sobretodo los que no me lo han preguntado..

Sí, me gustó lo poco que vi y conocí, y es que desde que llegué al aeropuerto de Santo Domingo, al pasar por migración, sentí que llegaba a un lugar muy alegre. No es el típico personal de migración que usualmente nos encontramos al llegar a cualquier país: esas caras amargadas que nos hacen sentir como si llevamos una tonelada de cocaina en la maleta.

¿Qué tal las cosas por Venezuela? Fue lo primero que nos preguntó el oficial. ¡Wow! Por fin a alguien le interesa caerle bien a quien entra a su país. Seguido nos comentaba con emoción “yo veo mucho los programas de allá, en especial el de los sábados, cuando estoy libre lo veo.”

Me pareció curioso, no nos intimidó, claro, tampoco dejó de hacer su trabajo al realizar las preguntas de rutina pero con ese acento de amabilidad que no se suele encontrar fácilmente en ningún aeropuerto.

Fue la primera extraña bonita impresión de un país que vive del turismo y al parecer están claros que a los extranjeros hay que tratarlos bien porque son los que, pocos o muchos, dejarán los dólares en su país. ¡Punto para los dominicanos!

Siguiendo noté que no sólo en el aeropuerto eran así. De todos, sin excepción, me encantó el carisma. La verdad, y no miento, jamás llegué a ver a alguien molesto ni menos escuché alguna discusión. Ellos anda en modo parranda 24/7. En algún momento llegué a pensar que todos me estaban lujuriando, porque es que es una cosa rara como ellos son de amables y jocosos.

Fue muy poco lo que en realidad conocí porque el motivo del viaje fue trabajar en el República Dominicana Fashion Week (al final les dejo el link con la galería en facebook). Apenas una pequeña parte de Santo Domingo porque el viaje fue de tres días, y este relato es en función a mi experiencia en ese corto tiempo, pero no dejé de ir a la Zona Colonial, el lugar que desde que llegué moría por visitar y cuando lo hice supe que valió la pena y es ese punto imposible de no recorrer.

Me enamoré de esas callejuelas, las casas de época que hoy funcionan como comercios (al igual que en la Ciudad de Panamá y Maracaibo). Muchos artistas de calle, pintores, músicos, personajes y uno que otro indigente que te decía “yo hice aquél mural”.

El plato fuerte de ese recorrido fue, para mi, visitar la Catedral y la plaza contigua a ella. Fue la primera construcción de tal magnitud en el continente americano del año 1540. Escuché una breve parte de la misa y las campanadas a las 5pm. Se me erizó la piel estar ahí porque soy de esos locos que cuando está en un lugar histórico se imagina cómo habría sido estar en la época.

Una de las cosas importantes que siempre suelo preguntar (mal de los venezolanos), es ¿esta zona es segura? Preguntaba al llegar siempre eso, y todos respondían lo mismo: es segura porque hay muchos turistas. Y es verdad, lo era, y aunque no abundaban policías pareciese que ya es un hábito no robar. Claro yo supongo que suelen haber casos, pero no los ví, no me pasó, y eso que yo andaba a plena luz del día caminando con mi cámara en mano y el celular.

La atención en todos los lugares fue muy chévere, con calidad de servicio y cuando pedíamos algo que se tardaba, se acercaba un empleado y nos echaba un cuento divertido. Aunque donde sí fue pobre y mala la atención fue en el hotel donde nos quedamos: Ramada. Ahí pedirle algo a alguien era esperar la voluntad de Dios para que nos cumplieran, empezando con que en la habitación al llegar por primera vez no había toallas, llamé al servicio y les dije que las necesitábamos a lo que respondieron “ya se las llevo”. Ese “ya” llegó medio día después. Por suerte llevaba una en mi maleta porque sino hubiese tenido que dar vueltas en el piso como los perros para secarme. Y así todo lo que pedíamos: hielo, agua, y hasta solicitarle al botones que subiera a ayudarnos con las maletas él llegaba una hora después luego de haber llamado no menos de cinco veces y aparecía sin el carrito.

En cuanto a lo caro o barato que me pareció SD, pues es relativo. La moneda es el peso, y 1$ equivale a 45 pesos más o menos, claro, hay lugares donde te lo quieren cambiar a 35, sólo es cuestión de preguntar en varios sitios y elegir la mejor tasa. Hay locales formales para hacerlos, son como pequeñas casas de cambios, aunque también los cambian en casinos.

Se puede pagar en muchos lugares en dólares, pero eso sí, suelen tratar de bajar la tasa para que al final en dólares pagues más. Las tarjetas de crédito también las aceptan en todos lados, pero nadie te sabe decir en cuánto te calculan el dólar sino que le echan el muerto al banco, así que opté por no usarla sino ir a cambiar y pagar siempre en pesos.

Mi primer almuerzo fue en una feria de comida o food corn y me costó 200 pesos, así que pagué poco más de $4 por él, y estaba bueno. Es más o menos lo que podría costar comer en Panamá. El simcard con un plan de data para 7 días me costó 350 pesos aunque lo agoté al segundo día y ya volví nuevamente al wifi.

La rumba pues eso si me dejó un poquito de dudas. Una de las primeras cosas que preguntamos al llegar fue ¿qué tal la rumba? (Eso pasa cuando se viaja con borrachos), y el señor del transporte nos dijo con mucha seguridad que era muy buena. Mencionó que uno de los sitios de moda era Gold, que queda justamente en el nivel mezzanina del hotel donde nos quedamos. La primera noche nos metimos un rato y creanme que no era un sitio ni bonito ni tan divertido. Si hago una escala de 1 a 10, siendo 1 lo peor, este sitio al que ese señor y casi todos decían que era el boom de la ciudad, le doy 3. Tienen buena atención, mucha seguridad y la música regular, pero no más. La gente no se preocupa por ir bien vestida allí, pero bien, fuimos al otro día a un lugar llamado Mamma Club y ese sí me gustó, aunque nunca nadie lo mencionó. Muy grande el lugar, elegante, juego de luces increíble, lámparas gigantes colgando y gente mucho más guapa. Nunca entendí por qué en la calle a quienes lo preguntamos no lo mencionaron.

El transporte que utilizamos fue siempre taxi, y los hay por doquier. Son de todos modelos y colores, y creo que muchos no son oficiales, pero al parecer son seguros. Ellos se paran por grupito en ciertas esquinas así que es fácil moverse, pero pienso que no tan barato. Por ejemplo, una carrera del hotel a un centro comercial a 6 min. de distancia pagamos 200 pesos. Era nuestro única opción para ir de un lugar a otro, así que los usamos todo el tiempo, y cuando ya teníamos referencia de precios le refutábamos al chofer que eso estaba caro y le bajaba el precio. Lo que si son es amigables, como todo mundo. Ellos todos te dan el número, yo pensaba que me estaban queriendo decir algo más jajaja.

Una de las pocas cosas que no me gustó fue que poco se escucha merengue. Tenía la idea que al llegar sería el ritmo que más iba a sonar en los sitios y las emisoras pero que va. La bachata ha desplazado al merengue y eso me da tristeza. Cómo en la tierra de Juan Luis Guerra no va a sonar tanto el merengue, pero luego recordé que él está cantando también bachata ahora. Me dijo un señor que en la radio e incluso hacen sonar más salsa hoy día.

Otra cosa que si me pareció terrible y que espero que pronto lo solucionen es que el aeropuerto, siendo internacional, no tiene wifi. Hay un cafecito llamado Krispi que tiene una red abierta y se imaginaran todos tratando se agarrar una rayita. La tasa de salida es de $83, costosa, y no hay conexión a internet. Tres horas que se esperan sentado ahí y cuando te duelen las pompas te levantas a dar vueltas como loco hasta que pase aquella eternidad.

Y ahora cambio la pregunta del enunciado por ¿volvería a República Dominicana? Sí, teniendo algo que hacer allá, o mejor aun, teniendo el dinero para ir a Punta Cana, porque eso sí que nos lo decían a cada rato, que debíamos escaparnos a esa parte del país. Volvería por trabajo, por algo puntual, o por conocer otra parte del país interesante, pero así como que quedé loco por volver, no precisamente. Sin embargo, repito, es un lugar maravilloso y me quedé sorprendido gratamente por la calidad humana y alegría de los dominicanos.

GALERÍA #RDFW2016

Les seguiré contando,

Douglas.

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2 Comments

  1. Anny says:

    Me alegra que hayas sentido el calorcito de los dominicanos, su amabilidad y amor que todos sabemos brindar. Realmente no te dijeron cuales son los lugares de los “bonches”…. No debiste irte sin visitar Punta Cana, los taxis aquí son un poco más costosos que en otros países, Pero pudiste haber utilizado Uber… Como eres fotógrafo te recomiendo visitar Dunas de Bani , Los tres Ojos, La cueva de las maravillas, San Rafael, Samana, Y toda la Zona Colonial. Hay muchos lugares que visitar aquí. Cuando vuelvas trata de andar con un dominicano para que te lleve a pasear.

    1. DouglasDiaz says:

      Si, fue un error querer ir solo, además de haber ido tan poco tiempo porque todos sí me decían que debía conocer Punta Cana, pero sentí que ni el tiempo o el dinero me alcanzaría. Es el punto obligado cuando vuelva.

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